martes, 16 de septiembre de 2008

Carta Abierta al Tulipan Amarillo

Me en qué habría de caerme suelo un accidente indeseado siendo sincero que tenía ni más sospecha que sucediera por vez y no al decirte asustó un pero puedo seguro no tiene por pasar la última que me con esa llamada una inseguridad sino de sí claro por qué no de mía porque vez no tanto no hubiera nada y otra muy estaría de forma tan y quizás no en mismo escuchando a Varésè tampoco nocturno Debussy pero la que lo que más me da este es tulipan especie de trapo rojo ha recogido del porque esa "p" no nada muy porque claro nos a es como fuera personaje Cortázar y tengo recoger rojo trapo (o mejor dicho el tulipan) y el es encontrarlo y el momento para pero bien que preguntaba momento yo al en totalmente pero creo no la mínima de me tercera consecutiva te mentiré que me poco estar de que qué igual que vez tropecé piedra inseguridad no mía ella y paso si tal hubiera vacilado hecho historia distinta contando desordenada estaría este momento ni algún de verdad es esperanzas en momento un una que de ser suelo si no augura bueno si detenemos pensar si ese de que el problema precisamente encontrar ideal sabes de tí depende el tulipan.

El problema con sabes que tulipan amarillo preferiblemente incauto de todo tu mal ver vez tus labios temblando dominarte intentando aquella y Round About Midnight y Fireworks final sin lluvia para porque lo conseguiste porque de mí se trataba poder dominarte y con desdén desidia mirarme con el ojos horrorizados y me exasperó siento que tan y todo pero es tampoco joven luna muerta el vestido blanco lleno de sangre nada tan llorando de muerte ridiculamente amenazado por un qué importa la camiseta violeta furtivo el beso placer el deseado saberme la preparación de vino para añejo tinto de mentira la mentira verdadera de la lluvia seca sin final.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Estaban revoloteando a mi alrededor los negros cuervos, mientras miraba desolado su auto-dsetrucción. Hubiera querido salvarla, pero me paralizaba el saberme no salvado si la salvaba a ella de la salvación de él. Me hubiera arrastrado hacia el agua negra y me hubiera perdido entre susurros y gemidos (de caricias sin sentido), entre el cielo y la tierra, entre morir o nadar ahogado. Me hubiera percatado de la posible imposibilidad de no hacer nada y maquinar el triunfo de las rosas y tulipanes y la derrota de los narcisos (o viceversa) y darme cuenta a tiempo de que querías ser salvada, condenándome a no serlo y regocijarte en mí, en tí misma, viéndome cada vez un poco más desnudo, no menos indefenso, sino más desnudo, como si yo lo quisiera y en ese momento caen los tres cuervos más silenciosos y los otros cinco me sacan los ojos.

Pero no, no querías serlo.