martes, 19 de febrero de 2008

Silencio Viajero

Es ahí. Noche cerrada sin luna ni estrellas. Pero el sol brilla como un ojo amatista en medio del ónix oscuro. Es ahí.

Los brazos en espiral giran vertiginosamente en una danza febril, agraciada y maldita. Nada es lo que es, y Round About Midnight choca contra el alma de sustantivo helicoidal. Es ahí.

Que el avance de cientos y cientos de kilómetros rapaces, que cazan horas de distancias desprevenidas, no sean suficientes como el reclamar lo que es supuestamente propio, sólo a favor del egocentrismo desorbitado, es tan desazonador como la luna quieta en el agua, posible y opaca, y las idealizaciones a las distancias; posibles, pero indebidas. Es ahí.

Primero que nada (porque, en realidad, es antes que nada y la consiguiente resolución de no ser todo) te empiezo a dibujar con mi guitarra, y aparece el asma, la sangre llena los pulmones, el mar, las nubes (hermoso ocaso), el plástico de las manos y el suelo transparente sobre sí mismo, al mismo tiempo de las contracciones y recuerdos de la realidad. Es ahora.

Y ahora, eres real, verdaderamente insustancial, sola con los sueños, aromas y emociones que, delante mío, sobresalen como la nieve sobre las sillas de mi cabeza, como un abrazo a tres centímetros de distancia y el calor de las furiosas serpientes que me hacen pensar que no estás sobre mí, sino delante mío, con un atractivo silencio sepulcral y la mirada fija sobre otra fija mirada sobre el claro incomparable de las sombras de tu rostro y del manjar extasiante del silencio relativo que pintan tus labios, los latidos, y tu fuerte y acelerado ir y venir, cíclica respiración, de las palabras mudas.

Abres la boca. Entran los ejércitos.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Nuevas Formas de Decir las Cosas

7ª Menor.

Cállese.

7ª Mayor.

Observe, acose, hágase la vida imposible y la de los demás, como aquéllas caracolas sin vida que atrapan para siempre el rumbo de lo inevitable.

8ª Justa.

Ríase a carcajadas, como aquella pintura de rostro esquizoide, pero oculte su miedo de jarrones y espejos destrozados, mananas de ónix con gusto a sílex. Ríase de los relojes con forma de muerte y aros multicolores de mujeres de labios rosados. Ríase con gusto de ventanas tubulares y de los túneles paralelos sin respiraderos, de las palucas arrancadas de cuajo de calvas cabezas y de chupallas con forma de piso flotante. Ríase de las diminutas máquinas del tiempo; las yemas de los dedos e iris transparentes, de árboles lineales elásticos, crespos; de aquella mujer morena con pinta de ejecutiva, pelo negro de ondas concéntricas, y labios de mundo fuertes, gruesos, finos (saben a manzanas violetas que dictan las eternas horas de espera), y el ancho cuerpo de mar de intenso color quebrado calmaresco de sol quemado. Pero por sobre todo, ríase de su animalidad trigonométricamente estimada en humanidad que abraza compleja cabellera perecible grazna-carteras llenas de fósiles lamentablemente vueltos a la vida. Y por último, ríase de ésta; una plasta de mierda en la cual lo realmente interesante son las moscas que vuelan alrededor de élla. Sin aquellos sinsabores todo es blanco grizoide y malévolo.