Ya salió Enzo. Seguro que ese sabe por qué Manuel no vino. Si son como uña y mugre y es tan cobarde como él, voy a preguntarle por qué no vino... espera ¿y si Enzo sabe lo que Manuel?¿pero qué caso tiene si le pregunto? Manuel quedaría relegado a segundo, cuarto, octavo plano y a pesar de todo no se lo merece (¿merecerse qué?)... ¿y si fuera lo que creo que es? no, no, no, no, no, no, no, no.... no, imposible, sería demasiado y tonto... quizás si fuera otra cosa más absurda... nor reíriamos de eso, lo que fuera, pero... ahí viene Enzo.
-Hola Enzo.
-Ah. Hola.
-¿Sabes si Manuel va a venir?
-Eeh... - pareció dudar un momento -no sé - respondió con su aguda voz.
-¿Y sabes lo qué le pasó?¿Por qué no vino?
-No sé ¿por qué tantas preguntas? - preguntó Enzo agudizando aún más su voz ("se parece a esa aria de la Reina de la Noche" pensó Clara, ya molesta).
-Tengo que hablar con con él - bufó Clara.
-Seguro.
-Él me dijo que tenía algo importante que decirme.
-¿Y a mí qué me importa?
-Imbécil. Dile a ese endemoniado enano freudiano, amante de Mahler y Nietzche que no sea cobarde y venga a clases. Acto seguido, Clara dió media vuelta y sacó un libro de su mochila y salió al pasillo a leerlo, intentando concentrarse en la historia, muy interesante por cierto, y ¡zás! aparece Manuel al fondo del pasillo.
En un principio no se atrevía a mirarlo siquiera, porque al verlo sintió un profundo escalofrío recorriendo su columna e intentó fingir su absorción en la lectura y que ignoraba la llegada de Manuel por completo.
Noo vengas hacia acá ¿no ves que estoy leyendo? Pero Manuel sólo saludó a Enzo y no se atrevió a saludar a Clara, se sentó en su silla y no volvió a moverse de ahí hasta que terminaron las clases. Entonces Clara se acercó y le preguntó a Manuel si la acompañaba a casa, sí, claro ¿no vas a decir hola? Clara, perdón ¿te quedaste dormido? algo así, ¡algo así! Manuel, ¿qué estabas leyendo?¿el libro de Nietzsche? no, Cortázar, entiendo, lo leí y, ¿y qué? lo leí, interesante debor decir -ya están en Llico- ¿hay algo que quieras decirme?-enrojece Clara- no, pero mira hacia el suelo ¿por qué no llegaste ayer? algo sucedió ¿cómo? en la casa, Clara impaciente ¿y qué querías decirme? y me quedo ahí mismo balbuceando algo, una pregunta quizás, tratando de controlar mi nerviosismo y el corazón que bombea sangre a mil por hora y las palabras no salen y la veo alejarse bufando y echando humo, mientras me quedo quieto y helado.
Llegué a mi casa unos diez minutos después de nuestra separación y papá me retó por haberme demorado tanto ¿qué quieres que haga? tenía que hablar, hacía falta, aunque nada dijimos. Sí, se marchó disgustada y me odié papá, pero ¿qué hacer? Mañana, sí, mañana.
Clara estaba acostada en su cama mirando al techo preguntándose ¿qué habrá querido decir Manuel? con su boca abierta, balbuceante, moviendo la lengua e intentando decir algo entendible y, sin embargo, nada salía de su boca y una expresión de terror se apoderaba de sus ojos, porque es un cobarde, mañana hablará ¡no sé por qué espero a que lo haga!
¿Qué importaba lo que Manuel dijera? Caminaban juntos, Clara y Manuel, por una calle fría y azul, nuevamente, y sin saber qué decir, bueno por lo menos Manuel no sabía qué decir, porque Clara no paraba de hablarle acerca de no sé que cosa en su casa con un pariente de Antofagasta y Manuel se detiene, Clara sigue dando un par de pasos y vuelve la cabeza y lo mira con cara de pregunta.
miércoles, 6 de agosto de 2008
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1 comentario:
Nietzsche es con "s" entre la z y la c.
A Clara el preuniversitario le está haciendo mal, te prometo que es lo único que pienso. Yo creo que anda enfrascada en eso de distinguir "hechos" de "opiniones" pero se re-enfrasca en los "hechos".
Deja en paz al pobre Mahler.
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